Cuándo acudir a terapia

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Si pensamos en los motivos para ir a terapia, la respuesta parece clara: algo va mal. Pero puede ser por muchas razones: el estrés, adicciones, estado de ansiedad o depresión, dormir mal, una relación complicada, emociones que no se saben procesar como la culpa, la vergüenza o la ira, crisis vitales, etc…y la primera solución nunca suele ser ir a terapia.

Lo habitual es que la persona haga sus intentos, a veces de forma continua y compulsiva, una búsqueda de soluciones a corto plazo que puedan aliviar su malestar interior. Pero también es habitual que no funcionen a largo plazo. Estamos diseñados para buscar el placer y evitar el dolor. Ante una situación de malestar, hay complejos mecanismos para alejarse de ese dolor, que se manifiestan en una conducta de evitación. Y puede tomar mil formas: adicciones, ejercicio obsesivo, mala alimentación, apatía, necesidad compulsiva de estar con gente (o evitarlo a toda costa) engullir series de netflix…

Pero son soluciones, parches, que acaban haciendo más limitada la vida de la persona. Como toda conducta reactiva. No se tiene la libertad de elegir, la espontaneidad.
Parece que no hay herramientas para afrontar la situación y se evita. Así se perpetúa el autoengaño de que “todo está bien”. También hay muchas personas que deciden no ir nunca porque “no creen en los psicólogos” o porque les da miedo mirar dentro. Esto lo he oído más de una vez. Lo entiendo. Yo tampoco creo en muchos psicólogos. Y también hay personas que “van viviendo” y están mejor así. No es el momento, no se puede forzar.

Cuándo ir

Esa misma pregunta me la hice yo mismo durante un tiempo y todavía es una de las preguntas que pueden revelar mucha información. Se la hago siempre a mis clientes: ¿por qué ahora?  Sólo la propia persona sabe cuándo ha de ir a terapia. Aunque es posible que sea su conducta la que alarme a su entorno cercano y se lo recomiende su pareja, amigo o jefe. Salvo casos extremos, parece más recomendable que sea la propia persona la que tome la iniciativa de ir a terapia. Incluso aunque sea por recomendación de otros, es el momento en el que algo hace clic y la persona toma la decisión de ir. De sentarse frente a otro ser humano, al que no conoce, y reconocer que tiene un problema o que necesita ayuda.

Es un acto de valentía, de fortaleza no de debilidad. De apartar temporalmente el ego y de confiar en otra persona, confiar en el proceso terapéutico. Hay quien descubre y se interesa por la espiritualidad y eso ayuda en parte pero puede tapar zonas incómodas de sí misma.

En el camino espiritual se puede pasar por encima o de lado de los problemas cotidianos o sensaciones de malestar, de vida limitada, etc. En la terapia psicológica (si no es superficial) no. Si el cliente se lo permite, se hace un trabajo conjunto, para llegar a lo más profundo, lo que a veces queda oculto, pero que impide a la persona llegar a su plenitud. Por eso es tan importante tener esa base firme, la persona ha de conocerse, hasta cierto punto, para que sepa gestionar algunas sensaciones, pensamientos o emociones incómodas, sin que la espiritualidad se convierta en una forma de evitación.

La decisión de acudir a terapia

Para ello, el trabajo terapéutico, implica el buen hacer del terapeuta y de parte del cliente confianza en el proceso, dejarse guiar hasta cierto punto para que se produzcan dos cosas: introspección y toma de conciencia. Finalmente, es el cliente quien ha de resolver lo que sea preciso para tener una buena vida, con sentido. El terapeuta puede guiar, acompañar, y facilitar que la persona cuestione o sea consciente de aspectos importantes de su vida. No se trata, como me piden alguna vez, de “dar consejos”. No hay recetas mágicas. Y aunque hubiese alguna, la mente no lo aceptaría. La mente, el ego, no acepta lo simple. Todo cambio lleva su tiempo, su proceso. Dependiendo de la escuela psicológica, del terapeuta y de la intención y voluntad del cliente, el enfoque puede ser muy distinto.  

Quien quiere dejar de fumar o solucionar un problema circunstancial, como haber sido despedido del trabajo, puede que no quiera profundizar más. Entonces, muy posiblemente, el trabajo terapéutico se quede a medias, y si se soluciona el problema puntual, con el tiempo se manifiesta por otro lado. De ahí el trastorno bastante común de ansiedad / depresión que pueden ser dos caras de la misma moneda.

El problema y también la solución está en la persona. En la mente, en el cuerpo. Pero el terapeuta conoce las herramientas y el proceso, el ritmo. Además para algunas escuelas es imprescindible que el psicólogo haya hecho terapia antes como cliente. Eso facilita muchas cosas y se comprende mejor el proceso y al cliente. Así es en la escuela transpersonal. Por otra parte se puede buscar una terapia no sólo por encontrarse mal, sino como una oportunidad y una motivación para sentirse o actuar mejor. Para encontrar el camino o encontrar las respuestas que sólo la persona sabe en su interior pero, en ese momento, no llega a ellas.

Aunque a veces se puede decidir dónde ir por recomendación, es muy positivo, para evitar sorpresas, buscar un terapeuta que esté en armonía con lo que se busca. Dependiendo del tema que se quiera tratar y lo profundo que se quiera llegar. Informarse sobre las distintas orientaciones y escuchar también a la intuición. Próximamente también hablaré de los psicólogos que van (vamos) a terapia.

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2 comentarios en «Cuándo acudir a terapia»

  1. ABSOLUTAMENTE DE ACUERDO!!!
    En este artículo hay varios puntos que creo que son clave para entender que, aunque no todo el mundo sea consciente de lo necesario que es buscar ayuda/apoyo de un profesional (incluso antes de verse sobrepasado por alguna situación) es indiscutible que es una demostración de valentía y fortaleza hacerlo.
    Te recomiendo desde que te sigo a todo el mundo, sin duda. Y aunque hasta ahora lo he hecho en privado, hoy lo hago público a través de este comentario ya no sólo por las cosas que publicas, más aún por esas sesiones que creo son tan necesarias.
    Un saludo

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