la trampa del positivismo

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La trampa del positivismo

 

“No te preocupes, sé feliz!” insistía una canción que sonaba cuando era niño. Una melodía simple y pegadiza, acompañaba una letra también simple, fácil. ¿Para qué preocuparse? Se puede ser feliz si quieres. Así lo dicen también algunos libros de autoayuda, incluso de psicología.

Según esos teóricos, tú puedes modificar tus pensamientos según se te antoje para llevarte a la felicidad “deja de preocuparte, hombre (o mujer), no es para tanto”. 

Sonríe y sé feliz

Ya está. Solucionado. Interiorizas el mensaje “sonríe y sé feliz” y a tirar hacia adelante. Con lo afortunados que somos por haber nacido en el mundo “civilizado” cuando los desgraciados parece que tienen que ser otros. Los que nacieron en paises “menos avanzados”. Así que si no sonríes aquí, desde algunos sitios, dirán que no es correcto. Y te pueden culpabilizar por sentirte mal. O por pensar mal, para algunos es lo mismo. 

La sonrisa

Es un mandato social mostrar la mejor sonrisa.  Aunque ahora es complicado ver esa sonrisa  porque la tienen tapada.

 Así se nos obliga al hacernos fotos (¡sonríe!) aún más si luego esa foto va para las redes sociales. Claro que no tiene nada malo sonreir para las fotos. Pero si somos conscientes de por qué lo hacemos o de la trampa de querer estar bien si no lo estamos. De tapar. 

Se saluda con ¿qué tal estas? bienytúquétal? Bien. Otra norma social.

Si existe la risoterapia también podría haber una llantoterapia. Hay muchas personas que tienen el llanto bloqueado, son incapaces de llorar y tan necesario es la risa como poder llorar cuando se necesita. Y llorar puede ser también muy liberador. Pero llorar se oculta porque no es de buen gusto. Así algunos clientes, sólo se permiten llorar en la privacidad de la consulta terapéutica. A muchas personas no les resulta fácil compartir sus sentimientos negativos. Y en redes sociales, “la felicidad” es un mandato.

¿Emociones negativas y positivas?

Hay que poner en duda, y mucho, que se pueda estar bien siempre. Cada persona tenemos unas tendencias, y unas emociones que siempre fluctúan. Y eso es lo natural. Lo que sí puede ser un problema es una tristeza, ira o miedo que se perpetúa, que se ancla en la persona. Se llame depresión o ansiedad, o el nombre que le pongamos.

Pero también puede ser un problema aspirar a la positividad permanente. Porque no se va a lograr. Lo que sí se puede hacer es “cabalgar el tigre” como decía Julius Evola. Y dejar de pretender que no nos asalte el tigre de las emociones “negativas”. Pero sí cabalgarlo y manejarlo de otra forma.

 

De las consideradas emociones básicas: Ira, miedo, tristeza y alegría. Sólo la última parece positiva. Parece, porque no es así. Cada una de las emociones tiene su función. Aunque no siempre tienen su lugar ni su expresión adecuada.

La ira nos mueve a cambiar las cosas que nos perjudican, el miedo nos protege de lo que puede ser peligroso, la tristeza nos lleva a mirar dentro de nosotros y conectar con nuestras necesidades. Ya no es que sean las emociones sean positivas o negativas.  Son inevitables.

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Tampoco se puede pretender estar bien, si al tiempo se siente tristeza. Parece un sinsentido pero sí se puede aprender de la emoción, viendo qué hay detrás. También esas emociones están ahí como parte de la vida. Sin querer evitarlas. Es posible disfrutar del miedo en una peli de terror. De la ira, golpeando un saco de boxeo o un televisor (recomendable). O la belleza de la tristeza escuchando música melancólica.

Así, se produce la descarga energética necesaria de cualquiera de ellas. Lo contrario, reprimirlo, conduce a que la persona lleve una carga que se liberará sin control y en el  momento más inesperado o inoportuno.

Y es normal querer sentir la alegría más a menudo. Pero sin tapar. Sin ocultar. Y sin pretender ser como una pila sin polo negativo. No funciona. No sólo es perjudicial aspirar a no tener emociones negativas, también existe el optimismo ilusorio, la falta de objetividad que puede llevar a la ruina, al desastre.

Hay estudios que dicen que para estar bien, la proporción de emociones positivas-negativas ha de ser 3 a 1. Pero estos estudios hay que cogerlos con pinzas, ¿cómo medir las emociones? Es difícil provocarlas artificialmente. Las emociones vienen y van de forma natural. Y ninguna de ellas se puede negar, sino conocer la información que trae y gestionarla mejor.

 

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