Los arquetipos y su función

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Los arquetipos y su función

 

Para Jung, además del inconsciente individual existía un inconsciente colectivo, común a toda la humanidad. A sus contenidos los denominó arquetipos y aparecían en las tribus, en los mitos y leyendas, en los dioses,  que han existido en todas las culturas, en forma animista en la naturaleza o antropomórfica, asumiendo unas características más concretas. Así ha sido hasta hace no mucho, una época más reciente “sin dioses”, pero que siguen existiendo en forma de arquetipos.

Pero el concepto de arquetipo no es  suyo, a pesar de que su uso popular en la Psicología sí lo es. Jung tomó este concepto de filósofos griegos, especialmente de Platón, influenciado por el mundo de las Ideas; las formas ideales que contienen la esencia de la existencia.
Arquetipo es una palabra de origen griego ἀρχέτυπον archétypon  del griego αρχή, arjé, ‘fuente’,  ‘origen o principio, y τυπος, tipos, ‘impresión’ o ‘modelo’)   

Son entes que no están sujetos al cambio, y son universales. Perduran en el tiempo, no dependen de la cultura ni del momento histórico. Jung observó que los mitos y cuentos de todo el mundo contienen numerosos motivos en común. Y se manifiestan en forma de dioses, imágenes, en fantasías, sueños, condicionamientos, patrones de conducta de los individuos, sin que sean parte de su historia personal.

Surgen de una forma inconsciente que pertenece a una estructura de la psique que se  hereda a través de los tiempos. Sin profundizar mucho en el aspecto filosófico de los arquetipos, tiene muchas implicaciones en el ámbito psicológico.

Una de sus funciones es regular la expresión de los instintos. Configuran las formas de pensamientos, sentimientos, acciones, ideas. El ateo tendrá un arquetipo de Dios, aunque no “crea” en él.  O el arquetipo de la madre, que no sólo es la mujer que tiene hijos, sino es origen, creación pasiva, la materia, la que nutre, protege…el héroe que se sacrifica por otros, que vence todos los obstáculos y sus propios miedos, el viejo sabio al que se acude para recibir consejo, el bufón, el inocente… No hay un número definido de arquetipos.

Aunque muchos son compartidos, hay algunos arquetipos más asociados a lo masculino o a lo femenino y que relata Jean Shinoda Bolen en sus extraordinarios libros “Los dioses de cada hombre” y “Las diosas de cada mujer”. Estos arquetipos tienen su forma positiva y negativa, según se canalice su expresión.

Así  lo concibe la Astrología, en forma de planetas/dioses que determinan hasta cierto punto cómo vemos el mundo. Tomando los arquetipos  como una necesidad  humana de representar ciertos valores, emociones, acciones que se activan y desactivan en nosotros. Surge una energía que precisa expresarse. Y es preferible que seamos conscientes de esto, y sea en la forma y momento apropiados.

El héroe que lucha por lo que es justo pero también el sabio que sabe cómo y cuándo actuar. La mujer independiente, pero también la madre protectora que puede disfrutar de su familia.

A un nivel más profundo nos da la idea de que no todo depende del individuo ni de su historia personal. Ni nacemos como una tabula rasa, venimos con una genética, un karma y unas formas arquetípicas que nos pertenecen no sólo a nosotros sino a la historia de la humanidad. Y es uno de los asuntos de la Psicología transpersonal.

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